El año que inicia ha desatado una serie de malas noticias para los colimenses, en vísperas del inicio de las campañas políticas, los medios masivos se inundan de promesas falsas, falsas amistades y rostros “pothoshopeados” que prometen hasta lo imposible con tal de ganarse la confianza y el voto de la gente.

Desde el seguimiento de grandes proyectos políticos, hasta sacar del poder a los mismos de siempre, todo se lee y oye en estas fechas, pero la realidad es más cruel de lo que parece.

Pero, ¿que nos conviene más? Malo por conocido o bueno por conocer?, la verdad es que de buenas intenciones está lleno el mundo, y la inexperiencia de los nuevos perfiles ciudadanos puede ser un serio revés al desarrollo del estado y del puerto más importante del país.

Por otro lado, la experiencia de los viejos políticos promete una capacidad de gestión inigualable, que a la fecha ha traído medianos beneficios al estado.

Lo que es una realidad es que el Puerto de Manzanillo no ha despegado, de los 70 mil millones que la aduana local reporta al gobierno federal, solo recibimos migajas, y ni los más experimentados diputados federales han logrado modificar la ley de puertos en beneficio de los colimenses.

Las calles aledañas al recinto portuario siguen en pésimas condiciones, año tras año son los empresarios del transporte los que con recursos propios buscan aminorar los efectos de las lluvias que en tan solo unas cuantas horas convierten a las calles, donde transitan miles de trailers y personal de las diversas empresas portuarias, que son las que generan esos millones a la federación, en auténticos campos de batalla.

Definitivamente necesitamos un cambio radical en nuestro sistema político y gubernamental, pero realmente dejaremos la comodidad electoral y le apostaremos a un verdadero cambio?

Es cuanto.