La Secretaría de Marina Armada de México (Semar) inició ejercicios para enfrentar accidentes de avión sobre el mar con tecnología de punta. Los efectivos de la Semar simulan el amarizaje de un avión con problemas; deben luchar contra el miedo, la desesperación, el cansancio, pero sobre todo contra la propia mente.

La cabina de simulación de la Marina Armada de México se hunde tras una falla mecánica. En su interior hay cuatro elementos de la tripulación que están en riesgo. De inmediato, los marinos luchan contra la corriente que genera una tormenta, contra olas de altamar.

El simulador de escape subacuático fue recién adquirido por la Semar.

El sistema diseñado en Canadá, único en América Latina, fue instalado en la Escuela de Aviación Naval, en La Paz, Baja California Sur, donde estudian parte de la carrera todos los elementos que quieren ser pilotos de aviones o helicópteros de la Marina.

A partir de este año que comenzó, los elementos serán entrenados con esta última tecnología para sobrevivir en caso de un amarizaje, que por la naturaleza de sus funciones es altamente probable.

Andrés Henríquez Vargas, capitán de fragata, explicó que la capacitación les brinda a los marinos un índice de supervivencia de 91 por ciento; quien no la recibe tiene un 66 por ciento de probabilidades.

El capitán Andrés Henríquez es uno de los 14 elementos de la marina que ya terminó el proceso de capacitación y comenzará a enseñarlo en la fosa.

El simulador parece una alberca semivacía que no puede causar algún daño, pero cuando se encienden sus dos compresores uno entiende porqué sus paredes son tan altas; 4.5 millones de litros de agua, con una profundidad de cinco metros, comienzan a moverse de un lado a otro. Producen olas de 30 centímetros hasta metro y medio de altura.

Y con la simulación de un mar alborotado, viento generado por dos ventiladores, humo para crear ambiente de incendio, altavoces con sonido de truenos y luces de rayos, la tripulación sube a la cabina, acompañada de dos instructores.

En el agua, dos buzos con tanques de oxígeno esperan en caso de emergencia. Y en el cuarto de control se gira la llave que enciende el sistema. Una polea mecánica deja caer la cabina, que se puede modificar en su estructura como cualquier avión o helicóptero de la Marina. Y un rotor la gira para hacer que la escena sea justo como la de un accidente.

Gabriela Velasco, médico cirujano naval, relató que tomas una posición de choque, además debes tener una referencia, un objeto físico para no desorientarse.

En menos de 15 segundos, los cuatro tripulantes comienzan a salir ordenadamente de la cabina, bajo la vigilancia de los dos instructores y los dos buzos.

El líder de la tripulación enciende las bengalas y hacia él hay que dirigirse porque ahí está la balsa salvavidas que lanzaron antes de amarizar.

Con visible cansancio y mareo después de tres repeticiones del ensayo, la tripulación está lista para transmitir el aprendizaje a las generaciones que llegarán en cuestión de días.

Lucio Lira, director de la Escuela de Aviación Naval, dijo que existe un déficit de pilotos navales; en la Marina se han adquirido 70 aeronaves, en la escuela se preocupan por preparar a los futuros pilotos.

Con información de Noticieros Televisa