Por Hugo Pescador Pacheco. Corresponsal

Guadalajara, 25 Dic (Notimex).- Los rituales de fin de año son una forma de conjurar lo desconocido, de pretender darle cierto control y cierta predictibilidad, dijo el investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Bogar Escobar Hernández.

En entrevista con Notimex, añadió que la gente lleva a cabo rituales como barrer las casas el último día del año con la idea de sacar las malas vibras, las tristezas y lo negativo.

O bien, dijo, “comprar algunas prendas íntimas de determinado color, por ejemplo, de rojo con la noción de que esto atraerá el amor o de amarillo para atraer dinero”.

“La cuestión de hacer maletas, incluso afuera de su casa, es con la idea de que el año que viene viajarán mucho”, agregó.

Señaló que comer uvas con las últimas 12 campanadas del año es otra práctica de fin de año, “lo cual tiene su origen en la fabricación de vino, en una determinada región vinícola no se vendían los vinos y se comenzó a hacer esta práctica con la idea de que antes de que se echaran a perder la gente los adquiriera porque estaban muy bajas las ventas, y ahora se quedó como uno de los rituales”.

Subrayó que el ser humano “vive en una condición de no poder tener control sobre muchas cosas, la razón final de trabajar tanto en eso a través de la historia de la humanidad es para pretender tener un poco más de control sobre los efectos de la naturaleza, sobre los acontecimientos”.

Dijo que en el principio eran los rayos, las inundaciones y los temblores, “el hombre les asignó una jerarquía o una condición de deidades, en la actualidad hemos rebasado ese nivel y tenemos conocimiento que son fenómenos naturales y las actividades científicas nos llevan a encontrar o a tratar de dilucidar los misterios de la realidad”.

“Como ahorita la ciencia de frontera, lo que sería la teoría del bosón de Higgs o partícula de Dios, pero en esencia yo me atrevo a decir que es exactamente la misma idea, de tener cierto control sobre lo desconocido”, apuntó.

Abundó que los rituales “son una forma de conjurar lo desconocido y darle cierto control, darle cierta predictibilidad y por eso uno los hace, con esa esperanza ante lo incierto que es el año que viene; y sobre todo en un contexto mundial, donde hay tintes de que puede ser algo complejo, se incrementan este tipo de prácticas”.

Sostuvo que “no considero que sean irracionales, más bien son otra racionalidad, creo que los últimos avances, los últimos paradigmas científicos nos invitan a pensar que no hay una sola realidad, que la realidad tiene más de una frontera, más de una arista”.

Mencionó que en el caso de las prácticas sociales, “como esta de los rituales de fin de año, pasa lo mismo, es otra forma de entender la realidad, es otra forma de afrontar la realidad, y es otra forma de codificarla y de tratar de controlarla”.

Manifestó que “no me atrevería a decir que son inútiles estas prácticas, tienen un sentido, todo lo que de alguna manera genere cierta estabilidad emocional al hombre tiene sentido”.

“Somos gregarios y un poco conductistas, nos dejamos conducir, y no digo que esté mal pero sí hay que tomar conciencia, el ser humano tiene que pensar y actuar por sí mismo, y ser más reflexivo en torno a lo que uno hace simplemente porque todo el mundo lo hace”, añadió.

Explicó que si a alguna persona le funcionan los rituales de fin de año, “pues qué bueno, el punto es explotar al máximo nuestros potenciales en función de nuestra unicidad y al mismo tiempo de la trascendencia que eso que hacemos tiene en los demás”.

“Si nos ponemos pensar, es la esencia de todo, es la esencia de la estabilidad y la esencia del conflicto, cuando alguien está, ya sea a nivel individual o grupal, privilegiando sus propios intereses sobre los demás siempre va a haber conflictos”, agregó.

Resaltó que los rituales simplemente deberían ser una pauta de conductas, “no en un contexto, no en un fin de ciclo, sino una pauta a seguir todo el año, toda la vida, fuera de eso todo lo demás se vuelven quimeras, sólo prácticas, anécdotas que no van a tener una repercusión en la evolución mental y espiritual del individuo”.

Puntualizó que el ser humano “tiene que ser maduro y responsable de sí mismo, de su vida y de su destino, hay espacios de control reales, lo que podemos hacer en este momento en el día a día, porque de lo que hagamos hoy va a depender el futuro”.

A su vez, el jefe del departamento psicopedagógico de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), Fernando Ruiz López, expresó en entrevista con Notimex que los rituales “no tienen que ver sólo con el aspecto psicológico individual o grupal, sino que tienen que ver con fórmulas que se han ido desarrollando a través de la cultura en el tiempo”.

El psicólogo comentó que todos estos tipos de rituales de fin de año “no sé hasta qué punto se han hecho conscientemente”.

Dijo que “todo este tipo de cosas son expresiones infantiles, hay dentro de todos los seres humanos algo que se llama el yo infantil, esto no es patológico, ni malo, son formas aceptables de adaptación ante los retos, ante la incertidumbre que implica un año nuevo”.

Destacó que la gente ha desarrollado ciertos acuerdos con otros individuos o comunidades para compartir algunas creencias, “que entre que son mitos o son realidad te diviertes y juegas un poco a que con esto te dará suerte, te va a ir mejor o vas a tener lo que necesitas”.

“Pero tiene mucho que ver con la actitud infantil de creer que las cosas pueden ser mejores mágicamente, la realidad es que cualquiera que quiere tener algo digno, algo honorable, pues tiene que esforzarse, lo otro son “fantasías”, añadió.

Señaló que es bonito fantasear “y decir hoy me puse tal prenda, de tal color, porque con esto sexualmente voy a estar bien”.

“Este aspecto de la sexualidad es interesante, porque dentro de la afectación que hay por el cambio de clima también hay una disminución en la libido, y no es raro que la gente crea que usar tales o cuales prendas la libido va a surgir mágicamente, cuando sabemos psicológicamente que el orden del erotismo está en función de la afectividad”, expresó.

Dijo que hay personas que “buscan fórmulas mágicas para tener amor, seguridad y libido, todo en un mismo paquete, al atribuirle a una sola cosa varios atributos, pero es fantasía”.

“Hay gente que tú no sabes que trae prenda roja, pero esa persona sí lo sabe y se siente diferente, pero en realidad es lo que cree y lo que está imaginando respecto a la prenda que se ha puesto, y no tiene nada que ver”, finalizó.