El 13 de Marzo de 1972, pocos días antes de iniciarse la primavera, amaneció como se acostumbra en tierra caliente, los primeros rayos de sol despertaron a los costeños, los hizo sudar copiosamente y a la hora del almuerzo, abrió un paréntesis de alivio, que provecharon los manzanillenses para enterarse por el periódico de la capital, que Don Luís Echeverría Álvarez se manifestaba en Tokio, Japón, por una “Alianza económica entre los países del Pacifico”. “Que México requiere con urgencia apresurar su industrialización pero en forma que no sea onerosa para el pueblo…” – Saber de nuestro presidente era lo urgente, saber cómo se encontraba en el Lejano Oriente.

En Manzanillo, la mañana transcurría apacible, los comerciantes ambulantes empujaban sus carritos ofreciendo jugosas frutas tropicales, otros ofrecían aguas frescas de limón, piña y mandarina; los almacenes de ropa, farmacias y mercados llenos de clientes; en las oficinas federales y municipales se atendía a los causantes de impuestos; las mujeres devotas entraban a las iglesias a encomendarse a la Virgen de Fátima y al Santo del día 13 de marzo, San Rodrigo.

Los niños en las escuelas alegremente correteaban a la hora del recreo, sonrisas por doquier, jugando o compartiendo la torta o el refresco, todo transcurría normal, algunas señoras se encontraban en el mercado surtiendo la despensa de la semana o del día, otras en acalorada charla en la carnicería o tortilleria, personas en las instituciones bancarias formados o realizando ya algún movimiento financiero, bueno todo Manzanillo en sus labores habituales.

El puerto parecía una colmena, los trabajadores atareados en el muelle fiscal cargaban maíz en el barco “Medita”, otros cargando azúcar en el barco “Gotaza Jayanti”. En el muelle de Petróleos Mexicanos el “Buque tanque Mary Ellen Comway” descargaba 15 mil barriles de gasolina; por la otra banda del muelle se encontraba el “Abelardo L. Rodríguez” buque tanque de la flota de Petróleos Mexicanos, al fondo en el apostadero de los barcos de guerra, se encontraba varias unidades de la Armada de México.

El buque tanque Mary Ellen Comway de bandera panameña, pero de matricula liberiana y con tripulación en su mayoría italiana, se encontraba en el muelle de PEMEX efectuando maniobras de descarga de combustible, cuando de pronto, este se convirtió en una sucursal del infierno…

El Buque Tanque Mary Ellen en el muelle.

A las 11:55 horas del lunes 13 de marzo de 1972, aquella colmena laboriosa, suspendió repentinamente sus actividades, la gente estupefacta vio en dirección de los grandes tanques de almacenamiento de combustibles, gruesa columna de humo y lenguas voraces de llamas. Instantáneamente reaccionaron ¡Corre!¡Sálvate! otros corrieron también sin saber lo que pasaba y a toda carrera a su vez preguntaban a gritos; ¡¿Por qué corren?!.

La estampida era general ríos de gente corrían y se atropellaban, unos en dirección al poblado de Campos, otros por la carretera Nacional en automóviles, bicicletas y niños en patines del diablo; el grueso de la población a toda carrera con el terror en el semblante; un puñado de vecinos se montó en los furgones que en convoy se encontraban en la Estación de los Ferrocarriles y los llevaron el poblado de Campos y el convoy regresó por más gente.

Tan pronto como cundió el alarma del siniestro, oficinas y casas comerciales fueron abandonadas, por lo que quedó incomunicado el puerto por algunas horas; de las casas comerciales algunas se cerraron, pero la mayoría se les abandonó dejando abiertas sus puertas y afortunadamente no se registró pillaje, gracias a que la policía preventiva vigiló eficientemente.

Los niños de las escuelas se supieron controlar con la eficiente disciplina de los maestros, los cuales salieron ordenadamente hacia los poblados vecinos. No obstante entre los vecinos, ya que era incontrolable el pánico, se registraron algunos choques sin mayores consecuencias.

Mientras, en la playita de enmedio, donde hoy está el mercado de pescadores, se preparaban y abordaban el“Remolcador Escorpión”, tripulación profesional y voluntaria, se acercaron al muelle exponiendo su vida. En el muelle, trabajadores de PEMEX, taponaron oportunamente los tanques y tuberías que contenían combustible.

Esta tripulación era encabezada por el Capitán J. Leoncio Ucha Mora, quien sin perder serenidad auxiliado por valientes vecinos voluntarios y una parte de tripulantes del remolcador, quienes procedieron a retirar de las instalaciones de PEMEX al Buque que en llamas amenazaba con causar un gran desastre en el Puerto de Manzanillo, con fuertes amarres empezaron a jalar a la embarcación, que despedía grandes lenguas de fuego, hacia el centro de la bahía para que ahí se siguiera consumiendo y dejara de representar peligro para los habitantes del puerto.

En el recorrido, la gente desde el puerto podía observar enormes nubes siniestras, que daban a entender que un gran desastre estaba a punto de ocurrir en la ciudad, otros grupos de gentes veían esto con indiferencia, permaneciendo incluso en las playas de San Pedrito y Las Brisas, sin medir las consecuencias, en caso de algún error, o de la inexperiencia de quienes estaban retirando y apagando el buque.

Al mismo tiempo la población alarmada se estaba retirando de la Ciudad hacia Colomos, hacia Campos, hacia Cihuatlán, hacia Minatitlán, etc., por donde fuera, la cosa era alejarse del peligro.

Se logró retirar al peligroso buque en llamas, que se estaba extinguiendo lentamente ya alejado de la población alarmada, el endeble remolcador con algunas partes averiadas se dirigía a la bahía para su posterior reparación, ya en la playita de enmedio, se recibió a los héroes, algunos con quemaduras leves o heridas por el peligroso trabajo realizado, exhaustos se dirigieron a alguna institución médica, otros a sus casas a platicar lo sucedido.

Se sabe que estos valientes hombres manzanillenses, tuvieron que enfrentar una demanda legal, que algún inconsciente les puso, por haber tomado la embarcación sin permiso, sin autorización del capitán original del barco, aunque esto no tuvo seguimiento, ya que por lógica, por la emergencia, esto lo único que logró es que los participantes de este heroico acto fueran reconocidos por el Club Social, “Club de Leones de Manzanillo”, quienes inmediatamente les entregaron Reconocimientos, luego el H. Ayuntamiento de Manzanillo, les reconoció también, posteriormente el C. Presidente de la República llamó y entregó un Reconocimiento por esta acción al Cap. J. Leoncio Ucha Mora, quien actuó con valentía al frente del remolcador.

Algunos de los voluntarios fueron; Antonio Cisneros, Ubillaldo Díaz, José Leal y David Escalante, entre otros.

Hay un monumento que recuerda este trascendental hecho, ubicado en el malecón “Espíritu Santo”, a un costado del Teatro al aire libre.

Con informacion de Archivo Histórico de Manzanillo